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Felipe Del Real, y su retorno a lo cotidiano maravilloso

“Y vio Dios todo lo que había hecho,
y era bueno en gran manera.”
(Génesis 1: 31)

Alguna vez Ernesto Cardenal escribió «La verdad es que estamos en el cielo, / y no lo sabemos.» Ahora, Felipe Del Real (Santiago, 1976) nos viene a confirmar o demostrar que el paraíso está más cerca de lo que pensamos; está en todos los seres, desde un grano de arena o una lágrima hasta la erupción de un volcán o una galaxia.

Es una fiesta leer este libro «Recuerdos del paraíso», recientemente publicado por RIL Editores, en Santiago de Chile (septiembre 2020), y, aunque esto mucho nos agrada, quedamos con una extraña sensación puesto que lo usual sería, en estos días, renegar de toda fe o creencia dadas las penas y angustias padecidas por la humanidad en medio de la hostigante pandemia que nos aflige. Sin embargo, lentamente va naciendo en nosotros como una resurrección la certeza que «la belleza salvará al mundo», según opinión de Distoievski. He ahí a mi parecer el principal valor de esta humilde, pero significativa, poesía; redescubrir en lo pequeño, espontáneo, natural y efímero la presencia de lo bello para siempre, de la eternidad, a pesar que nos ataca un flagelo sin precedentes en la historia.

Los textos o poemas son todos breves, epigramáticos, sutiles, sentenciosos, recogiendo lo mejor de la tradición latina y oriental, maestros del minimalismo. La temática de estos escritos es la fugacidad de la vida, lo cual, sin embargo, a pesar de los pesares, nos va regalando instantes de maravillosa plenitud, desde el nacimiento a la muerte de un individuo, hallazgos que el poeta va percibiendo y anotando con una sutileza que conmueve: «El paraíso era el instante en que se dormía el bebé / cuando me quedaba sólo, a oscuras, en silencio, / escuchando su respiración.» (P. 135)

Felipe ha demostrado que se maneja diestramente en la escritura. Logra crear un lenguaje eficaz, en base a certeros silogismos, para comunicar con acierto sus momentos de asombro. El libro podría ser un extenso poema, dado que el autor utiliza como principal recurso la anáfora, donde la mayoría de los textos inician su primer verso reiterando la aseveración «El paraíso era…» El acierto reside en que dicha reiteración nunca decae en intensidad y logra mantener la atención y goce estético del lector hasta el final.

Otro recurso que emplea Felipe es el intertexto, puesto que va incrustando versos o frases de otros autores, desde románticos como Bécquer a más modernos y contemporáneos como Saint-Exupéry, Neruda o García Márquez; nos llama la atención también las reiteradas referencias a letras de canciones de músicos, sean estos baladistas o rockeros, quienes vienen a refrescar esta literatura. Hablo de Franco Simone, Charly García, Andrés Calamaro y Álvaro Henríquez.

En suma, como decía el Pobrecito de Asís, «lo mínimo mantiene», y enhorabuena nos lo recuerdan para que no nos extraviemos ni perdamos el rumbo en este confuso panorama posmoderno que naufraga. Hermosa la edición y la propuesta de Felipe Del Real, que lentamente va encontrando su propio estilo en la amplia gama de expresiones poéticas de la región del Maule.

(C) Bernardo González Koppmann
(Talca, 2 enero 2021)

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