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Iván Treskow: “No es fomentar odios o rencores, no es pedir venganza, es exigir justicia y reparación por todos los abusos y asesinatos cometidos”

Helena Ediciones suma una nueva obra testimonial a su nómina de libros sobre Derechos Humanos.

Dictadura es una palabra diabólica y paria, o así la consideran muchos, ya que se evita en conversaciones cotidianas, entre amigos, familiares o compañeros de trabajo. Trae a la memoria hechos que no queremos recordar. Es una palabra que la mayoría no quiere escuchar o pronunciar, por lo que se evita lo más posible y, de este modo, se finge que un período de la historia reciente de nuestro país no existió, creando una frágil estabilidad emocional, política, económica y social que se evidenció en el estallido social del año pasado (que aún no culmina), y la manifestación de miles de chilenos en las urnas —el pasado 25 de octubre— para exigir una nueva Constitución. 

La “Dictadura Militar de Augusto Pinochet Ugarte (1973 – 1980)” siempre existió para el mundo, pero en Chile sólo era un gobierno militar. Es sólo hace poco tiempo que, públicamente, sus mismos defensores reconocieron que hubo violaciones a los Derechos Humanos, campos de concentración, brigadas de secuestro, casas de tortura; la violencia como herramienta de control en su peor expresión.

Para mi es incompresible tratar de entender, qué ser humano capacita para torturar y, lo que es peor, que aún hayan personas que justifiquen la tortura como una forma de subyugar a quienes piensan diferente. Iván Treskow Cornejo vivió y sobrevivió un campo de concentración. ¿Cómo?… su libro “Melinka, una memoria suspendida” tiene la respuesta a ésta inquietante pregunta en sus páginas.

Treskow, nació en Talca, en 1950. Estaba en su quinto año de Pedagogía en Biología, en la Universidad de Talca, y ya había trabajado en establecimientos de educación básica y media, hasta que 1974 fue detenido por la Policía de Investigaciones, fue torturado, pero lo liberaron. Luego, en 1975 estaba realizando clases en Chillán, en el Liceo Nuestra Señora del Carmen, donde fue detenido por la DINA sin informar motivo alguno, y fue enviado a Colonia Dignidad, Cuatro Álamos, Tres Álamos y Melinka. Es, en este último campo de concentración, ubicado en Puchuncaví, Región de Valparaíso, donde permaneció un año y medio de su vida, hasta que partió al exilio en 1977.

Este libro narra los sucesos que vivió en Melinka, sin embargo, no se centra en la tortura, sino en la capacidad del alma humana para enfrentar situaciones de sufrimiento extremo. El espíritu creativo, la astucia e ingenio le permitieron sobrevivir al terror y a la locura, lo cuál explica con detalle en su obra testimonial.

El autor volvió a vivir a Chile, tras más de 40 años en el extranjero. Fuera de nuestro país forjó una vida y una carrera. Hoy, poeta, escritor, actor y director de teatro, se contactó con Helena Ediciones para concretar esta propuesta y compartir —con quien quiera escuchar— una historia que el mismo protagonista espera nunca se vuelva a repetir.

Se fue exiliado del país, forjó una vida y desarrolló una carrera en el extranjero, ¿qué lo motivó a regresar a Chile?

Cuando yo salí de Chile, junto con mi compañera, era porque mi vida continuaba estando en peligro, como la de otros dirigentes. El trabajo clandestino se estaba organizando cada vez más, y nosotros éramos mucho más útiles en el exterior ayudando en actividades solidarias, que estando acá. Cuando las condiciones lo permitieron empezamos a volver poco a poco, paulatinamente.

Cuando vine en septiembre de 2019, no estaba en mis planes quedarme, pero el estallido social que surge en octubre, y todo el movimiento social que se levantaba en esos días, provocó una reacción muy importante en mí. Sentí que aún podía aportar en la construcción de un Chile mejor, reviví ese sueño que había sido cortado por la violencia hacía tantos años, y decidí comprometerme y apoyar desde la experiencia para que no se cometieran los mismos errores. 

Además, desde hace casi dos años que estaba desarrollando una actividad cultural que exigía cada vez más de mi presencia. El Teatro Espiral, es un lugar de encuentro y expresión artística, que me permite continuar con una pasión que se afirmó enormemente en el exilio, pues formé parte del Teatro Aleph.

Las personas evitan recordar momentos difíciles ¿Por qué revivir Melinka?

Es cierto que muchos evitan hablar de ese período, incluso a sus mismos familiares en algunos casos le han ocultado la dolorosa experiencia, pero yo pienso que en la medida que esto se explique de una forma pedagógica, por doloroso que sea, por una parte sirve como terapia o catarsis para evacuar ese sufrimiento acumulado y, por otro lado, para que los que escuchan o se informen traten de evitar que esto ocurra nuevamente.

Al transformar su experiencia en un libro, ¿qué espera del lector?

No es el primer libro en el cual yo abordo dicho tema, en “El tiempo del silencio”, libro publicado hace ya algunos años, yo relato de una forma más cruda la tortura y también hablo de los campos de concentración, la idea es sensibilizar a los posibles lectores de los peligros que significan gobiernos facistas, o dictaduras de ese estilo. A veces, el hecho que el lector pueda poner un rostro al que cuenta dicha vivencia o sobrevivencia, ayuda a que sea creída y aceptada como ALGO QUE REALMENTE PASO. Muchas personas, años después que la dictadura había dejado de gobernar, aún ponían en duda la existencia de los campos de concentración.

Hay otras personas que también han narrado, a través de libros, la vulneración de los Derechos Humanos por parte de la Dictadura Chilena, ¿cuál cree que es su contribución con esta propuesta testimonial?

Efectivamente y afortunadamente somos una buena cantidad los que hemos publicado nuestras experiencias, todos, pienso, hacemos ésto con la intención de que la MEMORIA permanezca viva y se diga NUNCA MÁS queremos esto. No es fomentar odios o rencores, no es pedir venganza, es exigir justicia y reparación por todos los abusos y asesinatos cometidos, por todos los familiares que aun buscan hermanos, hijos, o padres desaparecidos.

¿Qué actitud deben tomar los líderes políticos para que no se sigan repitiendo violaciones a los Derechos Humanos en nuestro país (en relación al estallido social y a futuro)?

En mi opinión, primero deben escuchar lo que la ciudadanía pide, me refiero a los líderes políticos que están en el gobierno, luego aplicar medidas que sean respuestas concretas y a corto plazo, ya que la gente está cansada de promesas que no son tenidas. Y si la respuesta del gobierno es que no hay dinero, si nuestras riquezas mineras fueran nuestras, si se le disminuyera el presupuesto del ejército y se les hiciera devolver lo robado, tendríamos un país más justo, podríamos o se podrían construir escuelas, hospitales, o centros deportivos, y nuestra juventud tendría otro futuro y el país también.

Y, en este mismo contexto, ¿qué mensaje entregaría a las y los jóvenes que cada día están más involucrados con la participación política y ciudadana?

Los invitaría a defender sus valores con el corazón ardiente y la mente fría. A menudo, hay provocadores que utilizan el ardor e inexperiencia de los jóvenes, para fabricar o crear situaciones que incitan a una respuesta violenta de las fuerzas represivas, y quienes las inducen desaparecen del lugar, y son los jóvenes los que reciben la represión, son métodos que se repiten siempre.

Hay que agotar todos los métodos de discusión, demostrar quienes son los que utilizan la violencia, que actualmente viene del sistema que nos gobierna. No necesitamos mártires, necesitamos jóvenes alegres, luchando por una sociedad mejor, aunque hoy la represión ha oscurecido el futuro de muchos.

7) Menciona que se quedó en el país para colaborar en la construcción de un Chile nuevo ¿Cuál será su aporte en esta construcción?

En lo cultural, ayudando a difundir el teatro hacia aquellos sectores de la población que muchas veces se sienten o son excluidos del medio cultural, por razones económicas o sociales, ya antes de la pandemia lo habíamos iniciado con buenos resultados.

En la parte política, ofrecer a las nuevas generaciones opiniones, experiencias y valores que los ayuden a construir una sociedad mejor, no está en la violencia la solución, pero cuando por años se han sembrado vientos, capaz que una tempestad pueda surgir en el horizonte, un padre o una madre que ve sus hijos desnutridos y hambrientos, o estudiantes que ven que por falta de medios económicos se le cierran todas las puertas, puede cometer excesos, pero antes de condenar, busquemos el o los orígenes de tales respuestas.

Romy Bernal Díaz
Periodista

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