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Salmos para tiempos difíciles

Comentario del libro “Dile a Jesús que tenemos hambre” de Juan Pablo Cifuentes, Opalina Cartonera. (Santiago de Chile, 2016, 52 páginas)

La Poesía usualmente es reconocida como género literario donde la palabra construye imágenes originales dentro de un texto llamado poema, utilizando para ello todos los recursos literarios del idioma, pero a su vez también podríamos referirnos con este nombre al significado originario de las cosas, los gestos, los sonidos, los colores y la textura de aquellas manifestaciones humanas que vamos considerando bellas en el transcurso de nuestra vida. Ahora por definición de belleza nos quedaremos, para simplificar este comentario, con un verso del poeta romántico británico Keats, quien la designó precisamente como “una alegría para siempre”.

Es en esta segunda acepción que el libro “Dile a Jesús que tenemos hambre” – del autor Juan Pablo Cifuentes, editado por Opalina Cartonera de Santiago de Chile en febrero del presente año 2016 – se aproxima al concepto Poesía, puesto que estos textos si bien carecen de la elaboración de un lenguaje poético en sí, nos proponen sin embargo un universo armónico, coherente, no exento de una crítica personal y social simultáneamente a seres humanos que han descuidado el cultivo de una forma de vida fraternal y comunitaria. Es en este sentido que el trabajo literario de JPC nos acerca a la Poesía.

Sus textos o escritos recurren a la estructura de la oración religiosa, la plegaria o los salmos utilizando muchos de ellos antífonas a modo de estribillo. Las figuras literarias más recurrentes del autor en este libro son la personificación, donde le otorga atributos y características humanas a conceptos o seres inanimados, y a su vez la anáfora, entendida como la reiterada repetición de frases en versos consecutivos con el fin de resaltar y poner énfasis a ideas fuerza que el autor quiere destacar.

La temática del libro consiste en revisar la manera como se practica o se deja de practicar un conjunto de valores o antivalores esenciales para el cristianismo que atraviesan transversalmente nuestra sociedad actual. Así JPC nos describe su percepción de la Imprudencia, la Ironía, la Envidia, la Avaricia, el Orgullo, la Pobreza, la Pereza, la Ira, la Frustración, la Emoción, el Instinto y la Mentira. Para ello recurre a un lenguaje prosaico, descriptivo, enumerativo dando cuenta de sus estados de ánimo frente al acontecer humano en el que le toca crecer y desarrollarse como ciudadano de un mundo que ha extraviado el rumbo. Su propuesta de fondo es una filosofía de vida cristiana; de ahí que estos salmos o plegarias denoten un temple de ánimo escéptico que, si bien es muy crítico con el contexto sociocultural que lo determina, no por ello deja de creer en la trascendencia del bien común y la solidaridad salvífica colectiva, paradigma consuetudinario y recurrente de los seguidores de Jesús de Nazaret, cuyo precepto principal reza “Amarás a Dios y al prójimo por sobre todas las cosas”.

Otros salmos reflexionan sobre los oficios de Profesor, Escritor, y Agricultor donde el modelo a seguir será siempre un ser supremo u omnipotente que construye a través de nuestras manos y nuestro esfuerzo una sociedad a escala humana que también podría llamarse Reino de Dios. Lo novedoso de estos textos es que reactualizan el mensaje cristiano al modo de los Salmos de Ernesto Cardenal o las Plegarias de Pedro Casaldáliga. Vino viejo en odres nuevos.

Por último nos encontramos con los escritos La ví una sola vez, Somnolencia, Light, Vagabundo y Dile a Jesús que tenemos hambre, título éste que se hace genérico a todo el libro, donde el hablante confirma su misión mesiánica de denuncia frente a una realidad social cruenta e inhumana, donde “el despertar al tercer día es leyenda lejana, mitológica”, y pareciera que tras los gritos, balizas y sirenas se oyeran las trompetas de un galopante apocalipsis.

Para terminar quisiera expresar que le deseamos a JPC un venturoso transitar por la república independiente de las letras y los libros, del compartir lecturas y escrituras, sin duda una vocación que puede contribuir enormemente a ese noble desafío de reencontrarnos como hermanos, como compañeros o simplemente como seres humanos. Así sea.

Bernardo González Koppmann

Talca, Otoño 2016.

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