Hugo Reyes Oyarce: “Nos enseñaron que teníamos deberes y derechos en esta sociedad”

Hugo Reyes Oyarce: “Nos enseñaron que teníamos deberes y derechos en esta sociedad”

“Memorias de un militante campesino” es una obra testimonial que Helena Ediciones trae a la vida tras largos meses de trabajo con el autor.

Por Romy Bernal Díaz
Periodista
Encargada Comunicaciones Helena Ediciones

Hugo Reyes Oyarce nace en 1950, en la localidad de Cumpeo, comuna de Río Claro. Hijo de  campesinos, Manuel y Elena, y el mayor de cinco hermanos. Cuando era un niño, quiso ayudar a su padre cortando trigo con la ‘echona’, pero se cortó el dedo meñique y su padre lo reprendió indicándole: “no quiero para ti estos días largos y mal pagados; no quiero para ti ni para tus hijos días con tos y una mesa sin pan… Estudia, y ayuda a tus hermanos”, recuerda Reyes Oyarce.

Su hermana y hermano eran pequeños, su mamá estaba embarazada de la menor, y él tenía 14 años cuando su padre murió tras caerse del cabello y golpearse la cabeza. La familia tuvo que vivir en una

pobreza franciscana en un galpón que adaptaron como hogar: “fue allí donde mi madre nos empezó a dar las mejores herramientas para ganarle al infortunio y a la vida”, asevera.

Desde entonces su vida fue dura, pero “la falta de bienes nos fortaleció como personas, y buscando las cosas que nos unían fuimos creciendo y ganándole a la vida, fuimos buenos alumnos y mejores personas; nunca tuvimos riquezas, pero éramos los niños más limpios, los más educados, los más respetuosos y sin darnos cuenta llegamos a tener el reconocimiento, el afecto y el cariño de mucha gente”, explica en su libro “Memorias de un militante campesino”.

Libro que narra cómo transcurre su vida durante la Reforma Agraria y cómo enfrenta la represión política de la Dictadura Militar Chilena en los setenta. Libro que Helena Ediciones junto al autor, compartirán con la comunidad el próximo 13 de Diciembre, a las 19:00 horas, en el Centro de Extensión de la Universidad de Talca. Lanzamiento que se realizará en el contexto de la celebración de los 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La vida de Reyes Oyarce fue muy difícil, ya que por su militancia política en el Partido Comunista, fue perseguido, torturado, y tuvo que escapar del país para sobrevivir en los años oscuros de la Historia Chilena. Sin embargo, pese a los problemas que enfrentó, es un hombre que supo cumplir con el deseo de su padre y su madre: se título de Técnico Agrícola en 1969 y sus hijos hoy son profesionales.

“Memorias de un militante campesino” revela los pormenores de una infancia y juventud marcada por sinsabores, pero que lo transforma en un luchador innato como adulto. Compartimos una conversación con el autor, como preludio de su libro.

¿Cómo un joven de Cumpeo, campesino, inserto en el mundo rural y alejado de las urbes, se interesó por temas sociales y políticos tan relevantes en la Historia Chilena?

Debido a dos hechos que marcaron mi infancia. Los profesores normalistas Eliana Gutiérrez Zagal y Sergio González Salinas, nos mostraron un mundo desconocido para niños campesinos, nos enseñaron que teníamos derechos y deberes en esta sociedad y que debíamos ayudarnos, entendimos y practicamos la solidaridad. Y, lo otro, la trágica muerte de mi padre, ya que nos quedamos a la intemperie, y debido a la indolencia patronal frente al hecho y nuestra suerte, me volví un luchador contra las injusticias, un “rebelde” para la época.

¿Por qué  te encontraste con el Partido Comunista?

La timidez y las trancas de la pobreza empezaron a quedar atrás cuando estos profesores empezaron a motivarnos a encontrarnos con la cultura, el teatro en nuestro caso. Con la obra La Pérgola de las Flores, en un pequeño papel que interpreté, me di cuenta que podía superarme y sonreír. Más tarde con unos amigos formamos el Centro Cultural Manuel Larraín   donde desarrollábamos distintas actividades artísticas, de este modo, fuimos creciendo en personalidad y compartiendo con distintas personas, entre éstas, con integrantes de las Juventudes Comunistas que venían de Talca. Éstos luchaban por los pobres, por los problemas que nosotros los campesinos teníamos, por lo que me sentí representado, y desde entonces milito en dicho partido, tengo más de 50 años en éste.

Es bien sabido que ser comunista durante la dictadura militar era sinónimo de persecución y muerte. Pero antes de la dictadura ¿cómo sientes que veía la comunidad al partido y/o militantes comunistas? ¿Cuáles eran sus luchas locales, las del día a día en lugares como Cumpeo y Molina?

Siembre ha sido difícil, por no decir peligroso ser comunista, por ello, nuestra historia está llena de mártires tanto en lo sindical, social, como político; pero no por “lo malo que somos”, sino por lo firme y consecuente en nuestro discurso, y en el quehacer. Por otro lado, es bueno recordar que en Molina el sindicalismo es histórico, por ejemplo, tenemos el sindicato La Marcha, allí los campesinos se organizaron primero que todos, al igual que en Río Claro, para exigir que se terminará con la explotación y los bajos salarios de los trabajadores rurales o campesinos. Pero ojo, en 1962 Jorge Alessandri impulsó la Reforma Agraria, con lo que se pudo entregar tierras estatales a los campesinos y se crearon instituciones de gobierno para ponerla en funcionamiento en el campo, y él no era de izquierda, ni menos comunista.

¿Por qué un libro se transforma en la herramienta testimonial de los hechos que viviste?

Es una forma de reflejar en cada hoja las luchas sociales y políticas, lo que enfrentaron muchas personas dentro y fuera del país. Es para dejar registro, que pese a nuestras heridas por todo lo vivido y sufrido, seguimos de pie, poniendo el pecho y recordando que podemos caminar libres en Chile gracias al trabajo y lucha de tantos, algunos están hoy con nosotros, y otros ya han partido. Es una especie de homenaje a los que se quedaron sin voz y sin derechos.

¿Sientes o piensas que las injusticias que enfrentaste como joven continúan presentes en la sociedad actual?

Lamentablemente, sí. La mayoría de las conquistas que se lograron en los 60 se desvanecieron con la Dictadura. Por ejemplo, la figura de los temporeros es una forma de explotación del trabajador rural, no se sindicalizan, no tiene contratos permanentes, no tienen resguardo social, trabajan a honorarios, los pueden despedir en cualquier momento; hay una tarea enorme que hacer en el área de los derechos laborales.

¿Qué anhelas que tus compañeros de partido saquen como moraleja de esta propuesta literaria?

Estas memorias, representan las memorias de tantos compañeros que lucharon y que han muerto buscando justicia. Ser comunista militante es una opción de vida voluntaria y no es sencillo. Y, si en las grandes conquistas sociales siempre hubo un comunista, es que nuestro camino siempre fue acertado. 

Estas letras deben ser entregadas a las nuevas generaciones. Los jóvenes deben conocer la historia y deben aprender de ella, para que la muerte de tantos no sea en vano. Un homenaje a cada uno de mis compañeros.

¿Qué esperas que el ciudadano común y corriente “aprenda o entienda” con este libro?

Que cada historia contada es una vivencia real y común, y que esto no me hace especial, por el contrario, me hace uno más entre todos.

Que la pobreza es un estigma producto de una riqueza mal distribuida, y que debajo de ella hay personas, que no merecen vivir en la miseria, ni en el abandono que hoy viven muchos.

Que ser pobre no significa ser sucio ni ser antisocial, sino ser rebelde, luchador de tus derechos y solidario con tus semejantes.

Que lo que no puedas lograr en la vida, puedes lograrlo a través de tus hijos o tus nietos, porque por ellos luchamos hoy, y a quienes queremos entregarles un Chile más humano, más justo, y menos egoísta.

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