ENTREVISTA: Bernardo González Koppmann: “Escribo inconscientemente sólo para mantenerme vivo”

ENTREVISTA: Bernardo González Koppmann: “Escribo inconscientemente sólo para mantenerme vivo”

Helena Ediciones invitó al poeta a reeditar su obra “Intemperies. Antología Fugaz” para celebrar sus sesenta años de vida.

Por Romy Bernal Díaz
Periodista
Encargada Comunicaciones Helena Ediciones

Bernardo González Koppmann, nació en Talca el 8 de septiembre de 1957 y creció en una época en que la ciudad aún expresaba la ruralidad en su centro urbano. Época en la que abundaban las casas de adobe, con largos corredores y patios internos donde los niños podían correr y disfrutar de la lluvia sin mojarse y, además, podían compartir tardes enteras con las familias y respirar un aire más limpio. Sí, una época donde el casco histórico de Talca estaba vivo y las familias se conocían por los nombres y apellidos, donde el patrimonio cultural de la capital maulina, expresado a través de la adoquinada 2 Sur y sus casas techadas con tejas, no había sido sepultado con cemento y edificios de paneles de metal.

Hijo de Ester, profesora normalista que le enseñó a dibujar y observar la vida con detenimiento, y de Hugo, ferroviario que lo introdujo a las letras a través de la lectura poética, cumple 60 años de vida, y fue en la adolescencia donde se descubrió como poeta; desde entonces ha bordado la literatura chilena con su intuición poética, a partir de su primer libro “Sin conciencia ninguna” (1981) y obras como “Barrio Cívico” (1988), “Memorias del agua” (1999), “Solo de niebla” (2001), “Intemperies – Antología Fugaz” (2004), “Memorias del bardo ciego” (2009), “Catacumbas” (2012), “La cabaña del Monje” (2015), por mencionar algunas.

Su carrera como escritor no se ha centrado sólo en la poesía, sino que también ha colaborado en el rescate del patrimonio literario por medio de investigaciones personales, en conjunto con otros escritores, y ha sido galardonado con diversos premios, por ejemplo, “Premio Poesía Nueva”, de Pastoral Juvenil de Talca (1978), “Premio Pablo Neruda”, de Radio Chilena Santiago (1979), Premios Revista Artes y Letras de El Mercurio (1989), “Premio Nacional de Poesía Stella Corvalán”, de la Municipalidad de Talca (2004), “Beca Creación Literaria”, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2013).

Desde 2015 forma parte del equipo de Helena Ediciones, emprendimiento editorial que ha ayudado a escritores regionales a lograr el sueño de la publicación. Es esta editorial quien lo motiva a reeditar su obra “Intemperies – Antología Fugaz” para celebrar sus 60 años y compartir con la comunidad una obra que compila lo que el mismo autor señala como “los poemas que mejor representan el universo que intento plasmar con mis palabras”.

González Koppmann abre su corazón y nos cuenta sobre su mundo poético, su trayectoria, su opinión sobre la creación literaria, el rol del poeta en la sociedad y de la Sociedad de Escritores de Chile, y, por supuesto, su futuro como escritor.

Nos has contado que comenzaste de pequeño a escribir tus primeras líneas poéticas, ¿a qué edad te diste cuenta que eras un poeta, o mejor dicho, cuándo y en qué momento te sentiste un verdadero poeta? ¿Existe algún hecho puntual que te lo recuerde?

La infancia fue para mí una ininterrumpida secuencia de aprendizajes vitales, especialmente rurales, que me fueron enseñando la sabiduría de la tierra, de los trabajadores insertos en la naturaleza, de los cuentos y leyendas campesinas. Hasta que llegó la adolescencia y cogí un lápiz. Tenía el alma tan llena de colores, sonidos, sabores, visiones, aromas de mi entorno que explotaron en poesía cuando las palabras fueron alumbrando las cosas y los hechos con sus mágicos significados. Necesitaba expresar esa sed de vivir. Creo que por esos días me empecé a sentir poeta, sin tomar aún real conciencia lo que eso representaba. Debo haber tenido 15 o 17 años por esos días.

¿Por qué escribes? y ¿de qué prefieres “poetizar”?

Un poco escribo inconscientemente sólo para mantenerme vivo. Amo desesperadamente la vida en plenitud. Los temas me han buscado para que cante. Ellos serían el ser humano inserto en medio del paisaje rurubano del Maule; hablo de hortelanos, zapateros, tejedoras, pescadores, obreros, profesores, cocineras, lustrabotas, arrieros, temporeras; lo artesanal diría, eso de hacer cosas con las manos para ganarse la vida. También me interesa la temática social, con toda su carga política e histórica local y universal, y, por último, la erótica, lo eterno femenino, con su hermosura indescifrable. Precisamente, en ese orden de importancia.

¿“Intemperies”, es un libro que representa tu carrera como poeta? ¿Por qué?

Absolutamente. Porque es una síntesis de mi obra poética, una antología fugaz que compila los poemas que mejor representan el universo que intento plasmar con mis palabras. Ahí se distingue nítida una propuesta, que tiene algo de larismo en sus orígenes, corriente literaria a la cual he ido incorporando elementos del mundo posmoderno. Estimo que la poesía no es evasión; por el contrario, es desentrañar la madeja existencial con la simpleza de lo verdadero, dignificando el diario vivir al modo de la sabiduría clásica griega, de la cultura china milenaria, del leyendario celta o el humanismo latinoamericano, todo inserto en un contexto caótico contemporáneo como lo es la actual civilización neoliberal en crisis. “Intemperies” me representa en la medida que logro expresar en esta poesía aquí reunida la máxima del teólogo belga José Comblin, que reza “Sólo el pueblo es humano”.

En nuestro país, tenemos muchos escritores que expresan las realidades que enfrentan – y enfrentamos – de diversas formas. Independiente de su valor literario, ¿crees que está todo escrito ya?

Gustavo Adolfo Bécquer ya lo dijo en el siglo antepasado: “Podrá no haber poetas, / pero siempre habrá poesía”. En toda época y lugar el ser humano seguirá experimentando el deseo de expresar su mundo interior, que, obviamente, responde a las percepciones y motivaciones exteriores, materiales, concretas, prácticas de todos los días. Reitero, la poesía no es evasión; es la mejor herramienta para reconocernos  personas plenamente humanas, primera condición para construir una civilización como la soñaran los primeros cristianos, basada en el amor, en el respeto a los derechos humanos. Y en esa tarea el papel de la poesía es fundamental. Hay mucho que hacer todavía en este mundo para hacerlo más habitable, más amable, como nos lo recuerda el papa Francisco en “Laudato Sí”.

¿Cuándo uno ha escrito por tanto tiempo y de temas tan variados, la pluma pierde su fuerza si no encuentras temas que desentrañar?

La vida nos sorprende a cada rato, en cada recodo del camino. Lo importante es no perder la capacidad de asombro. Mi mamá todavía dice, ya acercándose a los 90, que ve, en cada amanecer, todas las cosas como si las contemplara por primera vez. Eso es tener ojo de poeta. La renovación se da espontáneamente en poesía. Hay poetas que hacen su propuesta y fallecen, pero dejan un gran legado. En Chile hay una gran tradición poética. Acá se levantó el creacionismo, el larismo, la antipoesía. Hubo poetas universales como la Mistral, De Rocka y Neruda. A los que habría que añadirle Gonzalo Rojas, Efraín Barquero, Raúl Zurita. Creo que la poesía es consustancial a la vida, desde una perspectiva de fe; o sea, inagotable, infinita.

¿Cómo poeta te importa el reconocimiento de tus pares? ¿O prefieres el reconocimiento del lector común y corriente?

Me gustan ambas cosas; pero, por encima de ello, prefiero leer, maravillarme y alabar la poesía de mis pares que me conmueven grandemente, hasta que despierto en el mundo de las inagotables utopías. Leer a Kavafis, Rilke, Cervantes, Barquero, Teillier, Gonzalo Rojas o las elementales odas de Neruda en un día de lluvia es como experimentar el embeleso de los místicos, me imagino. Trabajo me cuesta después subirme a la bicicleta e irme al Liceo, donde hago clases a niños que viven conectados  a sus inmutables audífonos. Agradezco el cariño del lector, de mis pares y de la crítica – que han sido muy generosos -, y también pondero las opiniones negativas porque ayudan bastante a mantenerse humilde y esforzado, hasta donde sea posible.

¿Consideras que un poeta debe tener un rol en la sociedad?

Obviamente. Considero que una sociedad sana, que aspire al bienestar de sus ciudadanos debe, primeramente, respetar los derechos a la salud y a la educación gratuita, amén de otros beneficios impostergables como la vivienda, la alimentación, la locomoción, la recreación, etc. La sociedad que se sustente en el abuso o el lucro de los poderosos sobre los pobres es una sociedad enferma, cruel, inmadura. El alma no es mercancía. En ese contexto, la cultura, el arte y la poesía son elementos impostergables a la hora de intentar construir identidad, un sentido de pertenencia que nos otorgue dignidad como pueblo, como comunidad. Saber quiénes somos es básico para convivir en paz y en armonía con el universo. De lo contrario, seguiremos siendo meros objetos desechables. ¿Me explico? Los poetas conscientes siempre han hecho la síntesis, la suma de los sueños y logros materiales que aportan en la construcción de colectividades maduras, solidarias y fraternas. “Sólo el pueblo es humano”, reitero. En eso se empeñan los mejores poetas en todos los idiomas, en acompañar las luchas de los postergados por una vida más plena, más hermosa, más humana. Así la poesía no habrá cantado en vano.

¿Perteneces a alguna organización literaria? ¿Cuál es tu opinión sobre ésta? ¿Cuál debería ser el trabajo en pro del escritor?

Pertenezco a la Sociedad de Escritores de Chile, SECH. Esta institución durante la dictadura cívico-militar, luchó arduamente por los derechos de los escritores y de la sociedad toda. Encabezada por Luis Sánchez Latorre, levantó la voz y la palabra e intentó mantener en alto las banderas de la poesía. La querida SECH en estos últimos años ha pasado por agudas crisis de identidad debido al carácter irascible de los artistas, por el individualismo ambiente del modelo en boga, por el centralismo burocrático de todo nuestro ordenamiento jurídico, por la política del libro y la lectura usurera y mercantil que induce más a la competencia que a la fraternidad. Imposible exigir a la SECH que funcione – con los recursos que dispone – como el Hogar de Cristo, en esta sociedad donde mezquinan a los ciudadanos la sal y el agua. En fin, la SECH sufre también con los signos de los tiempos. Su tarea primordial en el día de hoy debiera ser la reestructuración de las filiales regionales, para entrar a potenciar el gremio de los escritores en pro de facilitar  la publicación, la difusión, la premiación, las becas, los reconocimientos, los congresos, los concursos, las lecturas y recitales que nos devuelvan el entusiasmo y la solidaridad con nuestros pares más golpeados y necesitados; lo cual considero connatural, por lo demás, a nuestro quehacer literario.

¿Cuál será tu futuro desafío literario?

Estoy tratando de terminar la escritura de “Malezas”, un poemario que me tiene bien entusiasmado. En eso estoy trabajando, hasta que las velas no ardan. Veremos qué pasa.

Cumples 60 años. Vas a entrar a una etapa más reposada, más contemplativa quizás. ¿Qué pasa ahora con tu vida de poeta?

– Claro; es una edad privilegiada para la poesía. Tienes lecturas, experiencias de vida, una cierta madurez para ver las cosas, un cachito de sabiduría heredada por ahí. Pretendo jubilarme decorosamente cuando corresponda e irme a vivir a Chonchi. Lo que pase después, ni idea.

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